CINCO FORMAS PARA QUE TUS HIJOS EXPERIMENTEN UNAS VACACIONES DE VERANO COMO LAS DE TU INFANCIA

¿Recuerdas cuando eras niño y tu mamá te hacía salir de casa todo el día durante el verano? En aquellos días, te dedicabas a participar en juegos de básquetbol improvisados, crear objetos usando elementos de la naturaleza, además de andar en bicicleta por tu calle de un lado a otro. O tal vez, como me pasaba a mí, te entretenías contando el número de piquetes de mosquitos que tenías o rodando colina abajo sobre el césped y recargado en un árbol leyendo un buen libro.

Sin duda, los tiempos han cambiado. Mis hijos se quejan si tienen que estar veinte minutos fuera de casa. No obstante, con un poco de ingenio y una pizca de persuasión, puedes ayudar a que tus hijos disfruten el verano tal como tú lo hiciste.

1. Elige un día de la semana “sin dispositivos”

El verano es el tiempo perfecto para implementar un día sin dispositivos. Tus hijos no pueden decir que no porque no hay que hacer tarea. Una de las razones por las que tú podías disfrutar más el verano era que sólo había cuatro o cinco canales en la televisión y los programas solían ser muy aburridos durante el día.

El teléfono celular también es uno de los dispositivos del que tienen que alejarse los niños, lo cual no es nada fácil. Intenta hacerlo tú también para que pongas el ejemplo y vean que estás de su lado. Tus hijos necesitan saber que está bien vivir sin dispositivos y que aburrirse es algo bueno; permite a la mente pensar con creatividad qué hacer, además de ayudarte a soñar despierto y percibir tu entorno.

Cuando sientas la tentación de revisar tu teléfono estando fuera de casa, en un parque, campamento o incluso en la alberca, recuerda que ni tú ni tus padres tenían esa opción cuando eras niño.

2. Los cerebros pequeños necesitan “espacio” para crecer de otras formas

Nos hemos vuelto una sociedad en la que la educación es la meta máxima de nuestros hijos. Cuando éramos niños, el verano era el verano y los niños que tenían que ir a cursos de verano lo veían como un castigo. Nuestros padres no nos presionaban para seguir aprendiendo matemáticas, ciencias o gramática durante el verano. Nos dejaban jugar. “Jugar es el trabajo de un niño”, así lo manifestó la educadora infantil María Montessori. El recreo sin restricciones ni rigidez ayuda al cerebro de los niños a crecer.

Pon el ejemplo planeando un juego de béisbol informal en la cerrada de tu calle. Literalmente, tendrás que convertirte en el director general de una pequeña empresa para lograrlo. Tendrás que ir de puerta en puerta con cada uno de tus amigos y preguntarle al adulto en casa si Susanita o Juanito pueden salir a jugar, elegir un lugar, decidir quiénes serán los capitanes de cada equipo, dividir a los niños en dos, incluir a los hermanitos más pequeños que apenas pueden sostener un bate, nombrar a un árbitro, establecer las reglas del juego y jugar.

Hacer todo eso requiere muchas habilidades de pensamiento crítico, autoafirmación, autoestima y madurez. Estas habilidades sólo se aprenden con la experiencia de vivir y no a través del juego estructurado.

3. Dales espacio

Actualmente tendemos a ser más vigilantes como padres que antes. Cuando éramos niños, los padres casi siempre nos dejaban en paz para que descubriéramos el mundo en actividades de verano en el vecindario.

Tal vez digas que el mundo de hoy es muy distinto de como era en los setenta o los ochenta. Si bien tal vez temas por la seguridad de tus hijos, es importante no intervenir en cada actividad. Nos hemos acostumbrado tanto a organizar sus equipos deportivos, decidir cuándo y con quién pueden ir a jugar y llevarlos en auto a todos lados que tendemos a estar presentes en todo.

En cierto sentido, está bien que estemos más involucrados que nuestros padres con lo que hacen los hijos. Sin embargo, esto puede reprimir su autonomía. Incluso si tienes que acompañar a tu hijo a una actividad deportiva por cuestiones de seguridad, siéntate atrás, muy atrás, y dale su espacio. Es bueno discutir y tener conflictos sin importancia, caerse en el pasto o enlodarse, ya que los niños aprenden cómo resolver conflictos y a no darle demasiada importancia a las cosas que no lo tienen.

4. Dales autoridad

Cuando juegues con ellos, dales autoridad de vez en cuando. Al crear un nuevo juego o participar en un juego de mesa que te gusta mucho, deja que tus hijos pongan las reglas. Durante el año escolar, los niños están inundados de reglas que tienen que cumplir, lo mismo en casa que en la escuela. Juagar durante el verano les da a los niños la oportunidad de probar la experiencia de crear reglas y ser una figura de autoridad en un entorno seguro y creativo.

A mi hijo, por ejemplo, le encanta jugar Scrabble. La regla general del Scrabble es que una vez que usas un espacio con una “puntuación por letra doble” o “puntuación por palabra doble”, no puedes volverlo a usar aún cuando vuelvas a usar la letra para crear otra palabra. Él tomo la decisión unilateral de que se podía usar y, acto seguido, levantó las letras para revisar los bonos adicionales en cada jugada. Mientras jugábamos le dije que no podía hacer eso porque era contra las reglas. Se enojó tanto que se negó a jugar conmigo durante meses. Un día, le sugerí jugar Scrabble y dijo: “Sólo juego a condición de que juguemos a mi modo”. Me di cuenta de que incluir su regla no era para tanto, siempre y cuando aplicara a todos los jugadores, para ser justos. Tener el mando y poner las reglas del juego hizo muy feliz a mi hijo, además de que sintió que por una vez tenía el control.

5. Enséñales a valorar las cosas pequeñas como lo hacías tú

A los niños les encanta cuando les cuentas historias sobre tu niñez. El verano es la oportunidad para sacarlas al tema y llevarlas a cabo. Ponte ropa con la que puedas jugar y llévalos a que rueden colina abajo. Observen las nubes y búsquenles formas o traten de encontrar constelaciones por la noche. Prepara sándwiches con tus hijos en una fogata. Haz rebotar piedritas en un estanque o lago. Piensa en todas las cosas que te hicieron tener recuerdos placenteros cuando eras niño y ayúdales a revivirlas contigo. Estos lazos auténticos crearán recuerdos duraderos y te ayudarán a despertar a tu niño interior.

por: Michelle Fondin

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